Ni siquiera el domingo
voy a poder verte,
que es cuando uno engorda de pereza.
Te desvaneces
despacio y con parsimonia
la misma parsimonia que
borracho
mostrabas camino de perpetrar un robo:
el de un beso que no quise.
Y por eso ahora adelgazas
y adelgazas
y te vas
despacito
arrastrando lo que queda de verano
en el tímido comienzo de tu melancolía,
llevándote contigo la oscuridad
de ese beso que ahora quiero.
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